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Iluminar en capas
y otras tendencias de luz

Entrar a una casa y sentirla acogedora o fría muchas veces tiene menos que ver con los muebles que con la iluminación. Una lámpara mal ubicada puede arruinar un living impecable, mientras que una iluminación bien pensada es capaz de transformar el espacio más simple en una experiencia. La luz define cómo se usan los ambientes, cómo se perciben los colores y hasta cómo transcurre el día a día. Por eso, en el diseño contemporáneo, iluminar dejó de ser un detalle de último momento para convertirse en una decisión central.

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En 2026, la iluminación deja atrás las soluciones únicas y evidentes para convertirse en una estrategia más sutil y sofisticada. Ya no se trata de sumar más luz, sino de entender en qué puntos iluminar, con qué tipo de luminaria y con qué intensidad. La luz acompaña los usos, define climas y permite que un mismo espacio funcione de múltiples maneras. Un comedor puede ser también lugar de estudio, una sala alterna entre estar, ejercicio y relax, y una cocina combina trabajo y encuentro.


Entre las distintas técnicas que marcan tendencia, la iluminación en capas se consolida como una de las más relevantes, proponiendo una forma de entender el espacio que combina múltiples fuentes de luz para generar profundidad, dimensión y una atmósfera cercana a la de la luz natural. Iluminar en capas implica abandonar la idea de que la lámpara de techo debe ser la protagonista absoluta: apliques, lámparas de mesa, lámparas de pie y colgantes decorativos complementan y construyen la atmósfera.


La combinación de distintas fuentes, ubicadas a diferentes alturas, aporta confort visual y una sensación envolvente que vuelve a los espacios más acogedores. El punto de partida es entender cómo se comporta la luz natural de determinado ambiente: este elemento marca el ritmo de los espacios y modifica su color a lo largo del día, desde tonos más fríos y azulados por la mañana hasta luces cálidas hacia el final de la tarde. La iluminación artificial, bien resuelta, acompaña ese recorrido en lugar de competir con él.

Luminaria Knit 2.webp

Al planificar la luz artificial, el primer paso suele ser definir la iluminación general o de base, aquella que baña la mayor parte del ambiente. En muchos hogares, esto se resuelve con una luminaria central o con una grilla de focos empotrados en el techo. Pero, aunque estas soluciones garantizan visibilidad, rara vez generan un clima agradable por sí solas. Una alternativa consiste en optar por varias piezas colgantes decorativas o combinar la iluminación central con fuentes indirectas. A partir de allí, la luz se diseña según los usos específicos del espacio.  

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Trabajar con estas capas permite crear profundidad y dimensión a partir del juego de luces y sombras, y mejora la percepción tridimensional del espacio. También incide de manera directa en el estado de ánimo. Las luces cálidas invitan al descanso y a la intimidad, mientras que las más frías favorecen la concentración y la actividad. Además, aporta una flexibilidad clave para la vida contemporánea, en la medida en que un mismo ambiente puede transformarse a lo largo del día ajustando intensidades y combinaciones, sin modificar el espacio en sí.  


Otras tendencias de iluminación que marcan 2026


Más allá del trabajo en capas, las últimas novedades de este año incorporan corrientes que refuerzan la idea de una luz más expresiva, sensible y consciente. Son tendencias que dialogan con la historia, con los materiales y con nuevas formas de habitar los espacios.

Luminaria Lilly.webp

Lo vintage vuelve a iluminar: Lámparas y apliques de estética retro reaparecen integrados en interiores contemporáneos, no como piezas nostálgicas, sino como elementos capaces de aportar carácter y una sensación de tiempo acumulado. En contraste con arquitecturas limpias y actuales, estas luminarias suman identidad y memoria.


La pieza que manda en el espacio: Crece el interés por tratar la iluminación como si fuera una joya. Se eligen pocas luminarias, muy bien seleccionadas, con alto nivel de detalle y presencia. En lugar de multiplicar fuentes de luz, se apuesta por piezas protagónicas que funcionan como puntos focales y ordenan el resto del diseño.


Vidrio ahumado y elegancia atemporal: Las lámparas de vidrio ahumado, en tonos grisáceos o bronce, continúan ganando terreno. Su principal virtud está en la forma en que filtran la luz, suavizando el brillo y evitando deslumbramientos. El resultado es una atmósfera envolvente y sofisticada, adecuada tanto para ambientes modernos como para espacios de impronta más clásica.

Luminaria Bohemia.webp

Menos focos, más intención: En 2026 comienza a quedar atrás la saturación de techos cubiertos de focos empotrados y soluciones excesivamente técnicas. La tendencia se inclina hacia una iluminación más humana y expresiva con luces indirectas, apliques y lámparas decorativas.


Contraste de materiales: La mezcla de materiales se vuelve protagonista. Metal, vidrio, tejidos y acabados mate conviven en una misma pieza y dan lugar a diseños contemporáneos con fuerte personalidad. El contraste deja de ser un riesgo y se transforma en un valor.


Iluminar sin cables: Las luminarias portátiles y recargables siguen vigentes como aliadas del confort contemporáneo. Pequeñas lámparas sobre consolas, mesas de comedor o auxiliares aportan intimidad, calidez y una libertad de uso que responde a estilos de vida más flexibles.  

Luminaria Nessino.webp

Atmósferas sensoriales: Bajo esta idea, la luz pone el acento en la experiencia. Luminarias de presencia contenida y emisiones suaves priorizan el efecto lumínico por sobre el objeto. El fin es generar atmósferas continuas, envolventes y relajadas, capaces de influir de forma positiva en la percepción del espacio y en el bienestar cotidiano.


El regreso de lo artesnal: La convivencia entre lo hecho a mano y los procesos industriales avanzados define otra de las claves del año. Luminarias con acabados deliberadamente irregulares o moldeadas artesanalmente comparten escena con piezas producidas mediante mecanizado o robótica. Vidrio, cerámica y metales, con especial protagonismo del latón y el cobre, construyen una estética rica en texturas, en la que lo retro se reinterpreta desde un lenguaje actual.

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